Gustavo Cerati

Apenas ayer, el jueves 4 de septiembre de 2014, me he enterado del deceso del extraordinario Gustavo Cerati.

Vaya tristeza que me ha causado esta noticia.

Ha de haber sido en 1987 cuando escuché por primera vez a este grupo, parte de toda aquel revoltijo hispanoamericano de novedades musicales conocido como Rock en tu idioma. Entre tantas bandas y artistas dispares que sonaban entonces, recuerdo haberme entusiasmado moderadamente con el álbum Nada personal, cuyos sencillos sonaban constantemente en las estaciones de radio juvenil del Valle de México. Pero el entusiasmo de aquel niño que iba en primero de secundaria fue aumentando, al tiempo que me dió por escuchar muchas veces ese cassette no original. Me gustaba de Soda Stereo que sonaban lo suficientemente diferentes en comparación con tantos otros, y fungían como una ventanita hacia derroteros más originales y novedosos.

Sus posteriores trabajos me fueron enganchando más y más. Fui desgastando las cintas del Signos, el Doble vida, el Canción Animal. No tienen idea de la fascinación y el gusto que me daba escuchar a esa música, tan lejana a sonidos rancheros, tropicales o del rock urbano que parecían ser el único horizonte para quienes vivían en esas partes de la periferia de la Ciudad de México donde priva la escasez; no se me malinterprete, no evalúo calidades musicales ni nada por el estilo, todo el asunto estriba en la falta de opciones que se pueden llegar a presentar hasta en aspectos, tan secundarios se se quiere, como la música.

Oh, y el Dynamo. Esa cima de la búsqueda de nuevos sonidos a los que llegó como banda Soda…

Nunca fui un gran seguidor de Cerati con sus proyectos en solitario. Y al paso de los años busqué por mi parte otros rumbos auditivos también.

El final llegó, y no queda sino agradecer a esta leyenda por recordarnos a través de su obra de que el mundo es un lugar emocionante y placentero, y que no hay que auto-encerrarse en ghettos de géneros, épocas o regiones, mucho menos en una época como la actual, plena de sorpresas a la espera de ser encontradas.

Gracias al gran Gustavo, hasta siempre.

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