En cuestiones del Halloween y el Día de muertos

Cuando era niño era muy común oír en diversos medios diversas expresiones en contra de la celebración del Halloween. Incluso en las escuelas oficiales era frecuente oír el discurso de que esa fiesta era “extranjerizante” y ajena a “nuestras” tradiciones. Se invitaba a que se pusiera ofrendas en los altares a los muertos que son tradicionales en México, e incluso se hacía los propios en tales centros educativos.

No se si continúe esa tendencia, aunque creo que así es.

La fiesta de Halloween es más popular entre los jóvenes por una simple y obvia razón: es divertida. Sirve de pretexto para bailar y echar relajo, y es la elección que cualquier adolescente habría de escoger.

La costumbre de ir a pedir dinero en las noches del 1 y 2 de noviembre ya es una muestra de como se ha combinado la costumbre del Halloween con la de los muertos: los niños andan por las calles con disfraces y su calabaza de plástico, pero siguen clamando “no me da para mi calaverita”.

Esto considero no es malo ni desastroso para nada. Las costumbres populares van cambiando y eso no nos hace menos ni menos “mexicanos” ni más “gringos”.

¿Cómo no entender que la gente busque un motivo para el entretenimiento en vez de soportar la solemne carga de ir a un cementerio, aún sea por honrar la memoria de los ya fallecidos?

Yo veo en esto más bien una muestra de como la sociedad contemporánea se ha ido secularizando aceleradamente. No olvidemos los elementos religiosos que acompañan a estas fiestas, que quedan de lado cuando uno va a bailar el Gangman Style vestido de Jack Skellington.

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