Sumarísima opinión sobre Star Trek

Gracias a que Netflix cuenta en su repertorio con Star Trek (llamada retrospectivamente The Original Series como una manera de distinguirla del extenso número de secuelas que en diversos medios le sucedieron) he tenido oportunidad de ver ya casi toda la primera temporada. Me he sorprendido al caer en la cuenta de que me ha gustado bastante.

No está en mis planes el volverme un devoto de este asunto, pero quien sabe: mientras hay tiempo hay esperanza.

Al ver estos episodios podría adivinar los motivos que orillaron a sus seguidores a tenerle tanta admiración a las andanzas de la tripulación del USS Enterprise: las historias tratan de ser sólidas y pulcras en su factura y los temas intentan hacer comentarios sobre la actualidad tomando la forma de visiones futuristas y ultra-tecnológicas. Vaya, que TOS fue creada en principio para competir contra Lost In Space, pero con un tono más serio.

Ya en plan de tomar una posición. es un tanto más interesante lo de la nave exploradora de mundos distantes que otros relatos, como aquellas películas de capa y espada espaciales que cuentan con princesas fugitivas, príncipes olvidados, cuatreros espaciales y caballeros negros que emplean a la par la magia y los más impresionantes gadgets.

Sí: En caso de que me dieran a escoger prefiero a Spock sobre Chewbacca. El escenario contrario sería completamente ajeno a la lógica.

Más información en el siguiente video:

Pfff: cuarenta años y aún pasan…

Pfff: ¿cuarenta años y aún pasan en la tele esa idiotez de El Chavo del Ocho, y hasta en dibujos animados?

¿Y luego les da por llamar genio al Bolaños aquel? ¿Qué tiene de genial eso de fusilarse gags de cuanto comediante se encontraba al paso, para luego registrarlos como suyos? Esa clase de artes es más bien asunto del orden común.

Si hasta los morcilleros teatrales tienen mayor grado de originalidad. No se si esto hable de la situación nacional al menos de una manera oblicua, pero de ser así diríamos que andamos mal por estos lares.

El U2 que me gusta y que renunció a ser fabuloso

Era el año de 1987. Después de ir haciendo avances en el gusto de muchos, la banda irlandesa publicó un álbum que habría de brindarles la fama mundial que en otros intentos les había eludido. Con “Where the Streets Have No Name” comenzaba esa serie de éxitos que combinando sonidos de aceptación general, las letras emotivas y sapiencia guitarrística que caracterizan a The Joshua Tree, cuyo lado A (ya había discos compactos, pero la estructura de los álbumes aún respondía a la forma tradicional de dos caras, lo que influía abiertamente en el orden de las canciones) cuenta con una de las mejores seguidillas de éxitos de las que se tenga memoria. A partir de entonces la fama de la banda dublinesa les hizo un nombre familiar para millones de escuchas de todos lados a tal grado que era ineludible oír en algún momento ya fuera “I Still Haven’t Found What I’m Looking For” o ese súbito himno titulado “With or Without You”.

Vaya que ese disco era bueno. Pero no es mi favorito de la banda.

Me quedo no con uno solo, sino que tomo como una antología Achtung Baby, Zooropa y el vilipendiado por varios Pop. hago una mención especial del War y su debut,Boy.

Esa etapa es estimulante y entretenida. Creo que esa etapa discográfica es una respuesta al éxito alcanzado con The Joshua Tree. Me explico.

¿Qué expectativas crea una banda que un día tiene un éxito de alcances mundiales? La disquera espera éxitos semejantes, y la forma de hacerlo se cree depende de repetir la misma fórmula, es decir, imitar las características que agradaron tanto al público. No es que esto sea efectivo de veras, pero así suele pasar. El público a veces actúa de similar manera: había quien quería escuchar variantes, en este caso en particular, de With Or Without You. Sin parar, una y otra vez. Vaya, que Rattle And Hum tiene versiones en vivo de éxitos del Joshua…. Pero será porque se aburrieron, porque esperaban no quedarse encasillados o qué pero U2 decidió hacer un deslinde del sonido con el que la armaron en grande y se aventuraron.

Sobra decir que los resultados fueron excelentes.

En una puesta al día de sus intereses y preocupaciones, en los álbumes de su época de alta creatividad se hacen presentes en asuntos como la cinematografía, la industria del entretenimiento, los cambios geopolíticos de aquella época, y todo con un repertorio de sonidos electrónicos de diversa índole.

Parece ser que el Achtung Baby fue exitoso, el Zooropa menos y el Pop, vaya, no ha sido muy bien tratado al paso de los años.

Hasta la propia banda evita cantar material de ese disco.

A mí me gusta el Pop. Me parece que con éste toman una postura autocrítica y satírica de la prominencia global que para ese entonces ya gozaban. Se saben ya unos íconos del mundo del entretenimiento, de la misma forma que Madonna, Spider-Man o Mr. Clean, y juegan con esa situación. Son héroes de historieta en “Last Night In Earth”, y están atrapados en la infernal Disco(théque) Inferno de The Tramps, para toda la eternidad; aceptan su nuevo estatus musical con “Pop Music” y se justifican abiertamente con “The Playboy Mansion”, pieza con muestras de cinismo muy distante de aquellas líricas que les dieron la reputación de defensores de las causas justas de la humanidad. Hasta se dan tiempo para un himno de esos que la multitud puede tararear con “Staring At The Sun”.

Toda esa sinceridad popera no le cayó muy bien a nadie por lo visto. Al público parece desagradarle el que le recuerden que no por tener guitarras las canciones ya no son pop, que no tiene buen prestigio callejero. Y la respuesta de los integrantes de U2 fue hacer una versión diluida y cansina de ellos mismos en su etapa primera a partir del All That You Can’t Leave Behind, que ya no es fabuloso como en otras épocas, como si se sintieran un tanto avergonzados de ser originales y creativos.

Credulidad rebelde

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Desde hace unos días he estado escuchando música de la que ponía día y noche en los años noventa. Un repertorio muy grungero y alternativo, faltaba más. Vienen a mí imágenes de un adolescente de cabellera larga enfundado en una camisa a cuadros de franela escuchando esos guitarrazos pastosos y disonantes, con ritmos a veces veloces, muchas más lentones y meditabundos.

Vaya cliché aquel que fui.

De una cosa estaba cierto en aquel entonces. Seguir a los autores de aquellos sonidos era imperativo para separarse de los seguidores del pop, tarea necesaria para darse una reputación y un buen gusto, distante de los mandatos de lo comercial. Ahora que lo pienso, dada mi personalidad tímida y tendiente a la soledad, dejar de oír los éxitos del Top 40, de entre los que se encontraba muchas canciones para bailar, contribuyó de manera significativa a tomar esos derroteros musicales. Pero era grande mi creencia en que al negarme a comprar discos de esos artistas estaba distinguiéndome de las multitudes manipuladas para consumir lo que un sistema manipulador presto les ofrecía.

Me sigue gustando esa música. En lo que ya no creo es en escuchar esa música como si se tratara de un carnet de inscripción a un partido político. Menudo movimiento aquel, cuyo principio motor residía en un anaquel distinto dentro de algún Mixup.

Graciosa creencia aquella en una colectividad ficticia, fundada en disquitos y peinados, incapaz de mover en absoluto al odioso “sistema” (sea lo que esto signifique) y basada en el dispendio de la misma manera que se rechazaba entre los seguidores del pop. Además de apolítico, uno se tornaba además en funcional, quizás de manera más activa aún que habiéndose puesto a seguir a, digamos, Madonna en lugar de Nirvana. Porque, si alguien no lo recuerda, tal vez era más caro ponerse a crear una gran colección de rock alternativo en aquellos años que una de éxitos del verano.

En estas consideraciones ando, y no me queda sino recomendar la lectura de Rebelarse vende, de Joseph Heath y Andrew Potter, que trata ampliamente sobre estos asuntos del comercialismo alternativo.

La música es asunto de goce o reflexión, pero hace falta mucho más que tomar la moda del día como si en serio fuera un asunto de cambio efectivo de la sociedad.

Lo que no extraño de los años noventa

De entre las cosas que no extraño de la última década del siglo XX es la fama de Pauly Shore. De veras, este personaje, con sus manierismos entre antipáticos y lelos, era considerado uno de los legados que esa década habría de legar a la posteridad en materia de comedia. Pongámoslo así: se le ponía en la misma categoría de Jim Carrey, Adam Sandler o Chris Farley. O si me apuran, de Beavis and *&$%in’ Butthead.

Su estilo era muy cercano en sensibilidades al del MTV de aquellos años, y más de uno creyó que su fama habría de seguir aumentando día a día. la aparición de entes peculiares con sensibilidades aún más bizarras, como Tom Green o Johnny Knoxville, dejó en la obsolescencia a este cuate. Ni quien lo recuerde.

Si no sabes ni de quien te hablo, revisa un episodio de Futurama en el que Fry se encuentra con su exnovia del siglo XX y quedá atrapado en una inhóspita Los Ángeles del siglo XXXI. Ahí aparece el tipo. Igual no importa tanto.

Pero, antes que nada, ten cuidado de Bio-dome. Muchas mentes brillantes de nuestra generación se perdieron gracias a eso. Advertido estás.

EL horror…

 

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